viernes, 29 de febrero de 2008

s a l v a d o r


Acepté finalmente, no me costó mucho tomar la decisión. El lo propuso, yo medité tres largos segundos, luego sentía como borboteaban mis ganas, seguido de la secreción de mis escamas. Sí, moría de ganas por subirme.

Insistía en que me afirmara más fuerte, cada cierto momento elevaba su voz y me preguntaba si estaba bien.

Todo fue muy bueno, desde el momento en que partimos. El viento de manera democrática azota tu rostro y es especialmente placentero para mí sentirme tan desprotegida, me gustaba sentir, pensar en eso.

Mientras viajamos arriba de esa moto, sin dudas, sin detenciones, estiraba mis extremedidades. Lo necesitaba, lo quería, y disfruté mucho.

En varias ocasiones tuve que enredarme muy bien con él. No hubiese sido entretenido caer.

No tenía donde apoyar mi pierna izquierda, hice maniobras todo el viaje para no destrozarme el pie en la cadena.

Después de un momento tomó mi pierna que colgaba y la puso sobre la de él, y quedé tan cómoda que recorrimos... un largo rato

3 comentarios:

Tereza dijo...

Yo vi eso

Tereza dijo...

¿Notaste que eso también lo vi?

Tengo ganas de verte...

Anónimo dijo...

me pierdo un poco.....







tengo ganas de verte