
Resultó que hace meses alguien no me interesaba de esa bacteriana manera. Todos me resultaban iguales,defectuosos.
Pasó un tiempo sin que alguien lograra provocar secreciones malignas y morbosas, con el paso del tiempo-y creo que absolutamente normal- perdí mi capacidad de asombro. No así mi apetito sexual.
Era un día de esos asquerosamente normales, tuve poco más que el sabroso y productivo ocio. Tenía claro que el día no debía finalizar así, entonces me bañé de encantos, y energía para tener conversaciones que no me interesaban.
Tomé casi todas las cosas que más me importaban en ese momento.Mi cámara fotográfica, la imaginaria identidad. Y los insumos necesarios para una noche de bacteria. Justo antes de salir recordé la importante tarea que me esperaba.Conseguir suficiente bacteria, me iría de viaje. Lejos,donde las estrellas ostentan belleza relampagueante al final de cada día de verano.
Todo empeoraba quizás. Cada minuto que pasaba me arrepentía un poco de no estar sumida en mis propias letras, en mi propia imágen, en tentáculos ajenos que sin embargo me pertenescan.
El alcohol era el compañero más exitante en aquel momento. No lo dudé, llevaba un par de horas en busca de goce, bacteriano lo que fuese. Quizás más inocente aún, estímulo.
Ninguno de los presentes disfrutaba la música que compartía con ellos. Pero todos consumieron de mi bacteria aquella noche.
Fue entonces cuando fingiendo interés en lo que me decía un hombre con tentáculos falsos, y problemas para pronunciar la combinación : -bl- que vi por primera vez al pulpo que no deja de retorcer mis pensamientos, mis ganas.
Eran hermosos sus colores, tierno a momentos, Elí. El de exquisita apariencia.
No lo dudé, me acerqué a él, disfrutaba mi música.
Doy un paso hacia él, me mira, violentamente estira los 9 tentáculos, al menos esos conté aquella vez.
Resultó que era todo por lo que pedía no solo hace un momento atras, sino bastantes minutos a lo largo de bastante tiempo.
Nada de bacteria compartimos. Incluso el efecto del alcohol me estorbó un poco. Me resultaba profundamente agradable observarlo, mover mis promiscuos tentáculos entre y sobre los de él. Sobre el tema que teníamos, él alcanzaba a notarlo, todos podían notarlo.
Le gustaba, no se alejó en ningún momento. Al contrario, hacía lo mismo, pero después de mí, siempre después.
Sentí tanta provocación, que no existió tema ademas de él para mí,por lomenos por unas horas.
Todos comenzaron a abandonar el bar. Horas atras se habían marchado mis acompañantes y antes que eso, los de Elí.
Compartiríamos un taxi, era el plan. A pesar que fuésemos a lados distintos, "ahí lo solucionamos",yo escuché eso y no me importó nada más.
Cuando tomamos la decisión de irnos, Bs se acercó a mi.
___ Ámbar, no te vayas es muy tarde, mejor quedate aquí y por la mañana caminas tranquilamente hasta tu casa.
Elí manoseó mi espalda sutílmente con sus sabrosas extremedidas escamosas.No lo dudé.
Adios Bs, nos vemos pronto.
Tomamos la ruta más peligrosa que en aquel instante podíamos tomar. Ninguno de los dos notó la anorme cantidad de malas decisiones.
No tomemos taxi, caminemos. Quiero conocerte, dije sin poner en prática la racionalidad.
___ de todas maneras, contestó Elí.
Él contestaba a mis preguntas, siempre de la manera que yo deseaba escuchar su respuesta. Preguntaba a esta bacteriana de poco sentido común, de la forma que yo disfrutaba que me preguntasen algo.
Cuando por primera vez no logramos concordar, tres individuos pestilentes y sin color alguno, sin escama alguna. Comienzan a golpear su rostro áureo, roban sus pertenecias. En ese mismo momento es cuando siento un golpe muy fuerte en mi estómago, ¡mira hacia abajo tú!, ordenó mi agresor, mientras me arrebata las pocas cosas que en ese momento me hacían compañía.Falsa identidad, cámara, la bacteria que tenía reservada para mi viaje.
Dejé de tener agradables reacciones químicas de insufacto. Uno de los tipos aprovechó su condición para frotar su desagradable boca sobre mis labios, sus poco dichosas manos sobre mi tentáculo más llamativo, me fue imposible mover el rostro en dirección opuesta. Miré fijamente a
Elí, su ojo derecho sangraba, sus hermosos labios vibraban de tanto desagrado e impotencia.
Los tipos corrieron lejos de nosotros, en distintas direcciones. Elí se me acercó tomó mi mano, miró hacia abajo: somos tontos, muy tontos, mira donde estamos.
Sólo pronuncié silencio.
Apreté su mano, e indiqué la dirección al imaginario hogar.
3 comentarios:
¡tonta...todo en esta vida se paga!
me hizo pensar en ese tema
un beso
Robespierre
un partido de pool?
apostemos una botella de algo... vinagre podría ser
abrazo
sacaste aplauso...te escribo aquí porque fue un exelente partido.
la 8 eh?
Publicar un comentario