martes, 18 de marzo de 2008

e


Elías
En realidad ese es su nombre, se cumplía mucho tiempo desde que no estaba con él.
La primera cita que acordamos hace una semana... no fue... yo sí, claro, deseaba mucho esta cerca de su cuerpo, escucharlo, me encanta escuchar lo que me dice, me encantan sus bromas, me gusta estar con él.
Me gusta cuando mira mis ojos, cuando se agarra fuerte de mis tímidos tentáculos, porque cuando estoy con Elías, me vuelvo tímida.

La segunda cita, fue espontánea, nos encontramos.
La tercera vez, estuvimos realmente solos.
Fue extraño de alguna manera descubrir que un hombre el cual me gustó mucho, lo dejé ir... bien lejos y sin bacteria alguna en sus pensamientos.

Me abrazó, lo enredé con mis tentáculos.
Nos drogamos imaginariamente, como siempre suele ocurrir. Inyecté con fuerza y morbo en mi cabeza, una potente dosis bacteriana, ¡pero de aquellas!.

Ámbar,¿ me ayudas?, afirma esto tengo que atarlo en ese árbol.
¿Qué vas a hacer E?
Parece que no te había contado, ahora fabrico equilibrio, dale afirma con fuerza eso.

Mientras ataba sus cuerdas, yo simplemente me complacía mirando sus movimientos, lo disfruté. En un momento saqué mis tentáculos sigilosamente, no quería que él los viera aún. Pero tuve que hacerlo, no era fuerza suficiente. Y bueno es que mi tercer tentáculo es bastante fuerte.

Hablaba de cosas que yo fingía escuchar, preguntaba cosas que no quería responder.
Me comencé a concentrar, en que su mirada estuviese frente a la mía, en ocasiones funcionaba. Mientras golpeaba mis tambores, no de manera hábil, se notaba que aún estoy aprendiendo. Tengo el mejor maestro.

Hasta que el ritmo no se resistió a mis manos, el equilibrio de E se cruzó con el sabor.
¡Bien! Ámbar, ahí le diste con la falange, eso sonó mucho mejor.

Elías caminaba sobre la cinta que instalamos, mientras yo…