domingo, 4 de enero de 2009

o r e j a



Fue mi oreja esta vez.
Nunca, me habían manoseado la oreja, era un ógano que hasta el momento no había identificado como un potencial punto erógeno de bacteria.

I

Estaba en la casa Máximo, nuestra dosis mañanera, la quiropráxia necesaria...sólo faltaba satisfacer a mis tentáculos. Pensé en ella, la mal sana J. ¿Por qué no?, recuerdo sus besos como algo agradable. Recuerdo su olor como algo apetecible. Su forma como algo perturbador. Su tono de voz como algo provocador. Nuestra conversación como algo bizarro. Su persona como algo bacterianoide, tipo sexual.

Fui hasta su casa y justo cuando una gota de sudor se desprendió de mi cuello para caer por mi espalda como algo insinuador a nivel sensorial...un lento escalofrío... ella se asoma por una ventana del segundo piso y dice:
- un momento por favor.

Llevaba puesta poca ropa, era algo así como un pijama.
Se quejaba de la resaca, decía haber llegado sin poder abrir la puerta y cosas que no retuve, me mantenía epsectante a cada uno de sus movimientos, más que a sus palabras.
En su casa todo lucía bien, limpio, ordenado, me daban enormes ganas de quedarme ahí un buen rato.

Comencé a escuchar los movimientos de alguien en el segundo piso.
Me desepcioné un poco, los planes que tenía no uncluían a otra persona. Apenas pregunté ella se rió de mi paranoia, porque arriba no había absolutamente nadie.

-ven, te invito a la cama...risas...

II

Todo fue sutil, despacio.
Insinué cosas que sabían se harían realidad. Sin absolutamente ningún movimiento en falso, llegué a estar bajo su cuerpo.
El ritmo de las caricias era agradable... era acorde a lo que hacíamos, ver una mala película. Había una conversación de nuestra aparte, de pronto silencio.
Estuve varios minutos dudando un poco de mi próxima insinuación. Hasta que no aguante más. El Titanio que en forma de placas que cargo en mi cuerpo, comenzó a agitarse. Mi calma simplemente dejó de sobrepasar mi exitación.

Le pedí que se acercara, que tocara mi espalda, yo acariciaba su tentáculo visible. Nuestras respiraciones entonces se comenzaron a conjugar.
La temperatura en esa habitación mal sana, comenzó a apoderarse del espacio.
Comenzó a lamer mi espalda. Yo aprete su mano y me voltié para besarla, tenía ganas de morder uno de sus labios.

Comprendí de que se trataba todo... entendí el alza de temperatura, mi grandilocuente placer, la ininterrumpida vibración de mi útero trifurcado.
Eran muchos, tenía más tentáculos que yo.

III

Cuando la respiración se apaciguó un poco, cuando notaba cuanto sudor nuestro había entonces en esa bacteriana cama de tres plazas, fue mi oreja por donde descubrí una nueva manera de persuación bacteriana.

Era mi oreja esta vez.
El pulpo que más de alguna vez desprecié, ahí estaba haciendome bacteria misma de su lengua.