lunes, 9 de febrero de 2009

I

Todos los pulpos importantes, al menos de esa ciudad, estaban ahí. Era una noche especial, todos queríamos celebrar y digo todos porque incluso se unieron mis amigos con los de mi hermana, mis viejos amigos viajaron para estar ahí. El amante de mi hermana, el alma de mi ex cuñado volando por ese bacteriano hogar que la entrada era por abajo, pero todo el que llegaba era recibido arriba. El alcohol era en cantidades insanas, la marihuana absolutamente santa, de la más hermosa verde. Mi hermana besaba a su nuevo amor, cerraba los ojos y sentía el cielo desplegarse sobre ella cada vez que R la tocaba con sus labios, pero el olor de su ex rondaba por todo el segundo piso… más que eso, sus risas, ella no quería dejarlo ir. Ella llevaba hasta ahí a su antiguo amor, solo con las pinzas transparentes de la memoria.

Yo, aún no paraba de sufrir por que Trinidad me había dejado, no recibía besos aquella noche, menos pensaba en las risas de ella mientras la luz de un cielo amable entraba por mis pupilas…tampoco estaba segura de estar llevando el recuerdo de ella a ese lugar, aquella noche, ella no estaba ahí, Trinidad se estaba marchando hace semanas, yo la estaba dejando ir mientras pensaba en lo mucho que la necesitaba, y no dejaba de pensar en lo hermosa que era.

…No lo hagas por favor, Trinidad si lo haces no te iré a buscar… ¿cómo? Que lo sabes…después de un tiempo estarás tan lejos de mí que no bastarán los metros para tocarte…

Esa noche no hubo bacteria, todos estaban muy felices, pero en cada uno de mis poros había lamento.

Estaba muy feliz de ver a Renato, Alonso…los amigos de mi hermana que parecían mis amigos…la luna, ella fue lo mejor.

-Ámbar tengo un panorama…vamos?, pasado mañana

-encantada

En ese momento pensé que ella era quien me haría pensar lo necesario en otras cosas, necesitaba dejar de pensar en T, era muy posible que ni ganas de tirarme una dosis de bacteria tuviese, tenía muy claro que el efecto me haría recordar que la más bella historia de amor que había tenido en la vida, hasta el momento, finalizaba. Fue justo ahí cuando recordé que pasado mañana era el cumpleaños de Beatriz, mi mejor amiga.

- no V, ahora que lo pienso tengo compromisos.
Sentí el impulso en ese preciso momento de simplemente hacer vista gorda de mi compromiso y seguir a V, prometía un camino más directo al olvido. Me río de mis propios pensamientos, ¿de qué se trata esto Ámbar?, es Beatriz, claro que no puedo dejar de ir…extraño a mi amiga, quizás a su lado me sentiré mejor.


-mira piénsalo, pero llámame mañana cuando decidas.

La alegría de todos, como siempre, me deprimía. Más aún porque en cada rincón de ese departamento estaba Trinidad, es ella quien fue a elegir mi nuevo hogar junto a mí. Era mi primer año en esa ciudad.

El alcohol hacía lo suyo, el novio de V se encargó de llevar esa noche las buenas anécdotas de un borracho. Las risas no eran por lo mismo de siempre, como suele ser en muchas fiestas, creo que por eso me estaba enamorando de esos nuevos amigos.
Alonso, una vez más demostraba que posiblemente junto a él yo podría ser feliz, pero la historia junto a él sería perfecta si hubiese amor, por lo tanto fue una noche más de mirar sus entrañas, manoseando con palabras sus ojos, estimulando con buena música sus sueños una vez más, cerca de mi indecisa pero verdadera seducción. Sólo son pasos en falso Alonso, mi querido y bello pulpo, es deforme nuestro futuro, sólo continúa, continúa con tu masaje a mi desánimo constante.
Entre risas y tragos, masajes la noche se hizo breve, los amigos de mi hermana se marcharon, justo cuando la psicosis se comenzaba a hacer presente… sentí un poco de ganas de ir abajo a mi habitación por algo de bacteria, pero imaginé a los amigos de mi hermana viendo como yo con mis amigos nos inyectábamos y hasta reí de mis impulsos, me contuve, noté que “mis nuevos amigos” se van a sus hogares cada vez que algo de bacteria comienza a empapar la noche. Me sedujo la idea de acostarme, que el día simplemente terminase, un día más de vida…un día menos en los que me quedan por vivir.

Estaba en mi cama con Alonso, el continuaba tratando de hacer sentir mejor mis sectores lumbares, pero Renato se acercó

-Gato…déjame dormir con mi amiga
-Fue la última vez que él me abrazó y dormí en absoluta paz… cobijada en cariño, extrañaba a mi amigo, sólo que no me había dado cuenta hasta entonces, dormimos escuchando un disco que empezaba “En los brazos de la fiebre”.
Amaneció tan pronto.
II
Abrí mis ojos y recordé que Trinidad ya no estaba.
El maldito alcohol se hizo presente en la mañana, de una manera desagradable, fuimos con Renato a preparar desayuno, luego se marchó con Alonso.
Comencé entonces a pensar que no podría estar un segundo más sola, necesitaba compañía de la mala, de la buena, ese no era el tema. Me enjuicié por necia, era el día, 30 de Junio, es hora de dar gracias por un día como hoy, no solo mi madre estaba de cumpleaños, Beatriz mi única compañera, había nacido un día como éste.
Preparé mis cosas, llamé a V para decirle que finalmente no la acompañaría, me voy a la bacteriana ciudad de Rancagua V, a la fiesta de mi amiga.
- cuídate por favor, nos vemos cuando vuelvas.
- Te quiero mucho, lo pasé muy bien anoche
Llamé a Beatriz, sentí mucha alegría al escuchar su voz…el primer segundo que la escuché una calma imperiosa entró por mi oído y me hizo olvidar todo sentido de pesar, imaginé inmediatamente a “Los muertos de cristo” a todo volumen, mientras yo tragaba alcohol llorando complaciente en los brazos de mi amiga, esa verdadera compañía que con esperanza y amor he cultivado por años. De alguna manera me sentí mejor, ya no importaba tanto que odiaba el momento que vivía, que todo era perfecto a los ojos de todos, el éxito de una prometedora estudiante que pavimentaba en rumbo de los negocios futuros, una mente atiborrada de números y el lenguaje simbólico de las matemáticas. Tampoco me atormentaba haber roto el corazón del mejor novio que tuve, por Trinidad…solo era el comienzo de los desechos amorosos por no poder dejar de pensar en ella, pero no lo sabía aún.

- Beatriz a que hora sales hoy?
- A las 4
- Espérame afuera, tengo un regalito de cumpleaños
- Sabía que ibas a venir
No pude evitar sonreír de una manera desbordante, me agrada que ella me conozca, después de todo soy un vil ser humano que se complace ante comprensión.

Una vez más arriba de un bus. En mis oídos música que aún no compartía con Beatriz, recién la había descubierto, bueno no solo música había descubierto en las tardes de jugo de kiwie y marihuana con Elías, un montón de cosas tenía que contar a mi amiga, la ansiedad se comenzaba a sumar, por algún motivo todo se tornó de alegría en aquel momento, sobre todo porque se me ocurrió convencer a Beatriz que eligiese la misma ciudad que yo para estudiar, tan solo la idea de tener su compañía en mis insípidos días de esta nueva vida, me hizo sentir un gusto sabroso, esperanza creo que se llama.

La primera pisada en la bacteriana ciudad de mi infancia estuvo acompañada de la brisa de helada, esa que hace doler las orejas, la punta de mi nariz.
Las terminaciones mal hechas de las veredas, la basura sin recoger de las plazas de cada manzana hacen del sector norte de la comuna un lugar perfecto para una innecesaria conversación acompañada de un momento grato con viejos amigos, mientras el frío te impide enrollar un porro, un lindo porro. Claro está que si no se trata de hábiles dedos los porros de invierno siempre quedan feos.




Fui a la casa de mi madre, la felicité por su cumpleaños y mientras dejaba la ropa sucia en esa máquina perfecta que a veces quita el ruido en los colores- lamentablemente solo si es de tela- gravaba un disco con mi nueva música para regalar a Beatriz. Las cuatro de la tarde y dejando todo a medias, fui a encontrarme con la extrañada, sonriente y bueno hasta donde recordaba colorida… fui en busca de mi esperanza en ese momento.

Hacía mucho frío, había olor a sur… las chimeneas estaban poniéndose de moda ahora en la zona central, nada me causaba más tristeza que un temprano atardecer, olor a humo, las abuelas que van por sus nietos al colegio con la bolsa género, mientras los niños preguntan que hay para tomar once. Caminé muy rápido, la ansiedad ya era mucha para tan poca energía dentro de mí. El camino se hacía tan corto, es fácil avanzar en mi antigua ciudad.
Llegué al bendito pre universitario y todo el mundo ya estaba en clases, no había nadie fumando afuera de las salas, avancé un poco más y ahí estaba ella, sonriendo y en calma. Su pelo tenía el rastro de muchos colores que seguro habían pasado en algún momento, su bufanda era más grande que lo que ella aprendió en clases esa tarde, era más verde que la marihuana que llevaba para fumar con ella, su mochila tan punky como nuestras borracheras adolescentes, el frío ahí continuaba, dialogando con mis orejas. Nuestro abrazo más largo que nuestro futuro juntas.

Eran muchas las opciones que esperaban por nuestra presencia, “La Riquelme” la elegida.
Ahí estaban otras amigas, no tan importantes para mí, aún así Beatriz quería mucho que estuviesen con ella la noche próxima, invitadas también.
Ahí nos enteramos que no irían, yo me molesté no sé porque, no acostumbro hacerlo pero les recriminé su poca dedicación a cultivar nuestra amistad… los amigos no son para siempre dije, sin tomarle el peso a mis palabras, solo era molestia lo que había en mí. Nada importante, fumamos un lindo porro, mis dedos eran máquinas muy bien manejadas por mi deseo bacteriano reprimido en aquel tiempo.
III

Grabé al fin el disco con música para Beatriz, cuando estuviésemos borrachas quizás lo escucharíamos. C me acompañó esa noche, pero no C “la bacteriana de rulos”, la deseada C… esta vez mi vecino y amigo de toda la vida.
Teníamos que tomar un bus que iba hacia el sur, y en el cruce de Requinoa estaría Beatriz esperándonos, suena mi teléfono es A que quiere irse conmigo y con C.
Cuando nos bajamos del bus, sentí un frío agradable esta vez…sentí ganas de abrazar fuerte a Trinidad y besarla comentando el frío que hace, inmediatamente identifiqué la silueta de Beatriz en la mitad del paso nivel, tenía que cruzar la carretera para darle el abrazo que fuertemente mis órganos comenzaron a exigir. Ella también comenzó a avanzar hacia mí, nos detuvo un abrazo inexplicablemente largo, como si su cumpleaños hubiese sido ese día. El ruido de los autos bajo nosotras nos obligaba a gritar un poco, como siempre tenía cosas que decir

- ¡vamos a fumar caño!
- ¡ya!, tengo el lugar perfecto

Comenzamos a caminar abrazadas, y cuando el silencio llegó lo primero que hice fue tratar de convencerla que su idea de irse a estudiar al sur,tan lejos que nos veríamos dos veces al año máximo, simplemente no podía hacerlo.
Si he pensado en eso, contestó. Comenzó a pronunciar palabras que hicieron surgir lindos pensamientos en mí, imágenes del futuro… de esos que a veces suceden igual pero a veces no ocupan espacio alguno en este mundo.

-tienes toda la noche para decirme, en una de esas cambio mi rumbo al norte. Reímos.

Había más amigos de Beatriz al otro lado de la carretera, sus vecinos, primo, novio. Fuimos a una plaza muy linda, la silueta de álamos se veía hermosa… silueta dibujada por una cliché y mil veces representada por la luz de la luna.
La tierra tenía un olor agradable, a humedad antes de pasto, ese frío que se siente bien. Pensaba en que me gustaría mucho que estuviera Trinidad hablándome de la oscuridad que al final del camino está todo iluminado por la luz de la luna, y cuando fuese en la palabra luna sacaría su lengua para pegar un hermoso porro, que de seguro tendría el olor de sus dedos, y me estiraría de manera muy placentera los músculos faciales.
Miré mis dedos y sentí que ya no necesitaba tanto a T, el porro me quedó hermoso. Decidí hacer otro más porque éramos 8.
Caminamos sobre suelos de textura y olor distinto, no había notado que estábamos lejos de donde partimos esa noche. En la esquina había una camioneta roja, de dos cabinas. El gordo manejaba, encendió las luces y avanzó rápido hacia nosotros con la idea de asustarnos, de un salto salimos de la calle… fue una mala broma. Compramos cigarros, C me aburría diciendo que no se quería ir en esa camioneta, que el tipo ese estaba vendiéndola… es una camioneta ajena, no le conoce las mañanas, vamos en taxi. Me reía de él por la paranoia, culpé su actual carrera de trastornarlo con el peligro… C siempre tiene miedo de que pase algo. Beatriz compró de los cigarros que más me gustan, de esos que Trinidad dice que son perfectos, suficientemente fuertes y suaves pero al mismo tiempo, en una fumada. Sonreía al pensar en su boca.

El gordo les dice a los primos que se habían subido en las cabinas, ya abajo, que las niñas se vayan ahí.
Beatriz suelta una carcajada burlesca.

-que te vienes a hacer el caballero gordo de mierda, nos vamos nosotras atrás. Miré a C y tenía la misma cara de miedo que pone siempre para que yo cambie de opinión. Subí inmediatamente después de Beatriz, primero con el pie izquierdo. El suelo era de una cosa plástica, hecha de una manera que las cosas no se deslizan. Había dos javas de cerveza. Beatriz se ubicó al medio, apoyando la espalda en el respaldo de la segunda cabina. Yo en la esquina a su derecha. Subió el novio y su vecino de toda la vida. Fue muy lindo el viaje a nuestro destino, estábamos en un sector rural, pero bien rural, no había luz eléctrica en muchos metros, la casa siguiente muy lejos de la próxima. El camino estaba en medio de álamos tremendos, la luna muy grande y hermosa. Me comenzó a doler un poco el cuello, lo disparejo del camino, la inclinación hacia atrás que hacía mi cabeza para mirar la luna. Todos íbamos pendientes de ella, de más hermosa e iluminada. Beatriz abrazaba sus piernas, inclinó el rostro tiernamente.

-te voy a echar de menos
-te voy a convencer que no

La música era asquerosa, pero repudiable. Una cosa muy fea a todo volumen, una mierda nazi. El gordo aceleró y me pegué fuerte en mi codo, el movimiento brusco de la camioneta, me sorprendió un poco. Hacia la derecha, hacia la izquierda, yo miré adentro de la cabina y el gordo mientras disfrutaba su música hacía cosas con el volante para asustarnos. Puse la cara de miedo que pone C, y lo miré para compartir mi impresión con él pero miraba atentamente el suelo…

- ¡Beatriz!
- ¡Mamá!

Ellas corrieron a encontrarse y se abrazaron, había una luz muy dura que pegaba en el piso, no entendía por qué…la luz de la luna es tan amable, y blanda. Sonaban unas radios y traté de entender lo que decían porque conocía las palabras pero no entendía que decían.
Muy bruscamente sentí algo muy poderoso en mi espalda y tenía apoyada una mejilla en el asfalto, me paré inmediatamente, me sentí un poco mareada. Comencé a caminar y entendí que había un accidente ahí ante mis ojos. Pedí un cigarro a todos los que estaban ahí, pero nadie me dio uno si no miradas intermitentes, como si fuera una cosa rara, como si estuviese nerviosa, todos me pidieron que me sentara. Las nauseas me derrotaron y el peso del vómito en mi garganta me hizo caer. Me di cuenta de mi mano herida, rasguñada, más grande que lo habitual. Mi vomito era sangre. Sentí ganas de vivir.

- C, no me quiero morir
- Ámbar, escúchame, no tienes que dormir. Hay que mantener el cerebro prendido.¿Te acuerdas donde vamos?, me ves la nariz

Yo respondía a las preguntas de C, pero me comencé a atorar con la sangre, así que C me colocó boca abajo.
Apuraba a C a que llamara pronto que se tenía que apurar. Hasta que volví a sentir esa cosa nuevamente, pero fue la última vez que la vi. A veces la recuerdo, tan agradable. Tuve esperanzas de todo estaría bien.
Escuché una ambulancia a lo lejos. Sonreí y me relajé, recuerdo perfectamente que me sentí en calma.

De una forma muy brusca una luz dura me pegó entre los ojos.

- ¿Me escuchas?, ¿cómo te llamas?
- Ámbar
- Ámbar no te muevas, no te puedes mover, puedes quedar inválida si le pasó algo a tu columna, quieta, yo te voy a ayudar.


XIV

B,

Amada amiga, ¿mucho tiempo no? , pero bueno, eres la única que no reclama a mi sentido de amistad por ese asunto tan poco importante.
Te escribo porque recuerda, es un compromiso esto, y me tienes que leer. Si no me ves al menos me lees.

Hace tiempo no pensaba en todas estas cosas que le conté a una de mis novias.
Sí amiga, aún mis relaciones de amor las tengo solo con mis diarios.
Con Bacteria todo bien, en algún momento pensé que para siempre estaría con Martín pero ya ves. Lo extraño cada vez menos, ahora cuando estoy con él sólo es para manosearnos, nada más.

Alonso sigue siendo un buen amigo, uno de esos buenos. Pero igual a veces no resulta eso de la amistad por tú ya sabes. Ese proyecto un poco rancio en el que dos personas se permiten poseerse entre sí, bueno esa es la razón de que aún no estamos juntos. De todas formas, ese no es el tema.
Trinidad, me dejó nuevamente.

Pero es toda mi culpa, yo la abandoné primero. Me doy cuenta de todo esto muy tarde, ella se fue a otra ciudad.
La necesidad de estar cerca de ella me desborda cada momento que recuerdo que ahora son kilómetros la distancia.
Te extraño…demasiado, a las dos.

Gracias por eso que me enviaste de regalo el otro día. Quien diría que nuestra relación sería así de buena ahora que no existe.

Me despido, fortuna. Te amo

PD: ¿Notaste que Alicia ni aparece en el relato?, es lo hermoso del estúpido mundo de las formas.